Meetic es un buen baremo para medir en nuestra sociedad el grado de apertura mental, hipocresía progre, conservadurismo cobarde, pasotismo descerebrado, hiper reflexión cansina, cinismo amargado, optimismo naïf, tendencia a la adicción romántica o sexual, insatisfacción crónica, curiosidad ante lo nuevo, resistencia al cambio, voracidad compulsiva, soledad, infidelidad, prejuicios y un largo etc. Un sociólogo y un estadista infiltrados en Meetic elaborarían suculentos informes que nos permitirían sacar afiladas conclusiones sobre los tiempos que vivimos e incluso predicciones sobre los tiempos que vendrán.
Hablo de Meetic, porque es el ejemplo que utilizo cuando hablo de relaciones cibernéticas, pero me refiero a todas esas páginas y redes sociales que promueven el contacto amistoso, amoroso o directamente sexual entre seres humanos a través de internet.
¿No es curioso que muchos de los que ven este fenómeno con recelo vengan precisamente de la generación que vivió en sus carnes la revolución sexual de los sesenta? La generación flowerpower, los que fueron un día hippies y defendían el “amor libre” y el “haz el amor y no la guerra” son los que ahora dan más guerra llevándose las manos a la cabeza cuando se habla de cibersexo y de relaciones amorosas o amistosas que han nacido del contacto on line. Parece que no es lo mismo ligar a través de una pantalla que en un concierto, una mani, una comuna o una tertulia sobre cómo cambiar el mundo. Read the rest of this entry »
Adan y Eva se conocieron una noche en un restaurante vegetariano llamado Jardín del Edén. El amor nació al instante, y en poco tiempo se fueron a vivir juntos a un piso okupa en la calle Paraíso número 5. Vivían felices con lo poco que tenían, y para disfrutar plenamente de su amor no les hacían falta más que sus pareos teñidos de colores, su flauta, su perrucho y sus largas rastas. Ni siquiera tenían móvil, ni un ordenador en casa, ya que el gran Jefe Okupa era contrario a la tecnología y, sobre todo, a internet.
Un día Eva fue a pasear a su perro al parque del barrio, donde crecía un gran árbol conocido por sus vecinos hippies como el árbol del Buen y el Mal rollito. Mientras el perro olisqueaba el culo de otros perros, Eva se fijó en una mujer alta y elegante vestida con un glamouroso abrigo de piel de serpiente. Fascinada por su look, Eva se acercó y la oyó hablando por un precioso chisme de fascinante diseño. Read the rest of this entry »
Para no hacerse ilusiones empezó a imaginarse a Monica73 bajita, gordita y fea. Cuanto más fea, mejor, porque eso le evitaría una decepción que podría provocar una situación incómoda. Aún quedaban días, tenía tiempo de sobras para construir una imagen poco atractiva, para concentrar en ella toda la frustración y la negatividad, ponerse en el peor de los casos posible, y asegurarse así que la sorpresa sólo sería a mejor.
Tanto se concentró en la imagen que ésta empezó a aparecérsele en momentos inesperados, cuando no la había convocado. Y además empezó a hablarle. Al principio todo eran reproches. Y es que además de fea, la imagen de Mónica73 era insoportable. Pronto se convirtió en una presencia constante y molesta. No había forma de esquivarla. Ella siempre le encontraba, y, encima, al ser imaginaria e incorpórea, podía atravesar paredes y hasta aparecer en dos sitios diferentes a la vez. Y seguir discutiendo, porque, eso sí, no hacía más que discutir con él.
El acoso duró casi dos semanas. Después cedieron las hostilidades. Se habían acostumbrado uno al otro y las discusiones pasaron a ser charlas casi amigables. Él le contaba las cosas que le preocupaban. Ella, al ser una imagen, no tenía de qué preocuparse, pero le escuchaba con paciencia y con cariño. Read the rest of this entry »
Sweet Dreams estaba nerviosa. Había quedado con Forever Young. Por fin. Llevaban tres meses chateando, desde el día en que él, que entonces no era Forever Young sino Borntobewilde, la agregó como amiga en Facebook y le mandó un mensaje: “¿Por qué no hay foto en tu perfil?”, al que ella respondió “¿Por qué no hay foto en el tuyo?”. De ahí pasaron al chat, donde los dos coincidieron en que las fotos en los perfiles sólo alimentan la superficialidad de un medio ya de por sí superficial, y que la belleza está en el interior de las personas, evidentemente entendiendo interior en su sentido metafórico y no orgánico, es decir, en la personalidad de una persona y no en sus vísceras.
La frase “la belleza está en el interior”, que escribieron casi a la vez, les pareció a los dos una señal inequívoca de que por fin habían encontrado en la gran red a alguien tan único y especial como ellos mismos se consideraban a ellos mismos, o sea, un perfil gemelo, que es como un alma gemela pero de lado.
Cuando era novata en Meetic, y contestaba todos los mensajes casi por compromiso, para no quedar mal con nadie (Ahora quedar mal me importa un pito. Mejor quedar mal con alguien que “llegar a quedar con alguien y que todo salga mal”) me entró un tío en el chat que iba a saco, rollo: “¿kdms pra chr n plvo?” (Traducción: ¿Quedamos para echar un polvo?). Yo, pobre de mí, intentando encontrar la manera de enviarle a la mierda sin herir sus sentimientos (en fin, repito, era novata), le contesté tomándome la molestia incluso de hacerlo en su mismo registro infraverbal y anti-vocales: “hmbr, mjr k nts xtms pr l msn, n’crs? (Traducción: “Hombre, mejor que antes chateemos por el messenger, ¿no crees?”). Y va el tío y me contesta, traduzco directamente: “No, no, yo no doy mi dirección de messenger a cualqueira” ¿¿¿¿????? ¿COMOR? ¿Un polvo sí, pero la dirección de messenger no?.
Bienvenida a Meetic.
Varias experiencias más tarde comprendí que, aunque el tío seguía siendo un gilipollas, no estaba del todo equivocado. El mundo ha girado a tal velocidad que ha invertido el orden lógico de las relaciones: antes conocías a alguien, en persona, en algún sitio real a tiempo real. La seducción imponía su propio ritmo: me lanzo, acelero, freno, pausa, vuelvo a atacar… Hablar, tontear, sentir cierta conexión, hacer manitas, un beso improvisado, otro buscado… y, por último (difícilmente el mismo día) el sexo, que sellaba una especie de pacto de intención de continuidad (o no) entre ambas partes.
Chatear contigo el viernes.
Quedar contigo el sábado.
Follar sin interrupación divina y humana hasta el desayuno del lunes..
Y empezar a conversar hasta que se hizo de noche.
Verte dormir el martes,
y preguntarme el miércoles,
si el jueves estaré igual de enamorado de tí.
Pensar el viernes que he encontrado algo que muy pocos han podido encontrar.
Desengañarme de mi inocencia después de una mañana en el paraíso.
Y tras una salida frustrada de sábado,
y una noche fatal mal remediada por un polvo en mal estado,
despedirme de tí en una resaca de Domingo.
Y preguntarme qué pasó con la semana anterior.
Se habla mucho de páginas de contacto y amor por internet, siempre desde la perspectiva de quien busca pareja o se enamora, y pocas veces desde el desamor, que también lo hay por muy nuevo que aún sea el fenómeno. Las nuevas tecnologías generan nuevas formas de relacionarse con los otros que amplían tus posibilidades de encontrar amistad e incluso amor. Todo ese esfuerzo se resume en una palabra: agregar. Pero… ¿y cuándo el amor se apaga? ¿qué pasa cuando hay que “desagregar” lo agregado?
Ella se enamoró de él el día que se conocieron y él en realidad no se enamoró verdaderamente de ella hasta el día en que cortaron, esa funesta mañana en la que él le cogió el móvil para leer sus sms, descubriendo consternado que no sólo le ponía los cuernos desde hacía lo menos dos meses sino que lo hacía con su mejor amigo y además socio, una doble traición difícil de asumir que significaba una doble pérdida, una doble puñalada por la espalda, un doble vacío en sus rutinas diarias y, encima, un doble contrato dúo que romper, ya que hacía unos meses su compañía de telefonía móvil le había ofrecido una oferta, entre otras muchas que no aceptó, de abaratar su factura mensual eligiendo los dos números de teléfono que más utilizara para que le salieran gratis. Eligió el de su socio, ahora sucio traidor, y el de su novia, ahora ex-novia. El dolor y la rabia, la intensa angustia y el miedo a la soledad no empañaron su sentido práctico, y no tardó en llamar a la compañía para cambiar los números de su contrato dúo. Sin amigo y sin novia, eligió los números de su madre y de su hermana, aunque en realidad eran ellas las que le llamaban a él, casi siempre para quejarse , precisamente, de que él no las llamaba nunca. Pasaron dos meses y el dolor se instaló poco a poco en un lugar menos doloroso. Conoció a otra. Esta vez no cometió el mismo error y se enamoró de ella desde el primer día. La llamaba constantemente, a veces con excusas más o menos creíbles y a veces sólo para hablar, hasta altas horas de la noche, compartiendo cuchicheos, arrebucos, confidencias, tequieros, solotuses y demás parafernalia simplona del ñoño y manido universo semántico del enamoramiento. Pero a pesar de sus disparatadas facturas de móvil, y a pesar de que hace ya semanas que la relación pasó de las manitas a la cama, él no se ha atrevido todavía a dar el paso último y definitivo que consolidará la relación… porque ¿qué pensará ella si ya, tan pronto, le propone compartir su contrato dúo?
Cada vez hay más gente con tendencias paranoides, que ve complots, intenciones ocultas y complicadas conspiraciones hasta en las baldosas de su cuarto de baño. Alguna de esas voces ha insinuado por ahí la graciosa teoría de que Sex and the Meetic podría ser publicidad encubierta. Imagino que se referirán a publicidad de Meetic porque dudo mucho que el “Sex” necesite anuciarse… Aclaremos esto de una vez: NO es publicidad, desgraciadamente NO. Es decir: no vemos ni un duro.
Que conste que yo no tendría ningún reparo moral, ético ni estético en prostituirme… intelectualmente, claro está, sexualmente sí tengo reparos. Si Meetic me lo compra, con o sin el “Sex”, yo lo vendo, con o sin Mí.
Si es con, ningún problema: dejo de escribir las tonterías que se me ocurren sobre Meetic y me pongo a escribir las idioteces sobre Meetic que me pidan que escriba, sacrificando mi integridad y mi independencia a cambio de un buen cheque a final de mes. Si es sin, pues nada, me pongo a criticar como una loca a “Sex and the Meetic” por su poca integridad en otro blog al que llamaré, por ejemplo, “Sex and the Facebook”, conservando el Sex, que es la palabra más buscada en Google, y cambiando Meetic por Facebook, que no deja de ser parecido, y a lo mejor hasta me lo compran otra vez. Y como ya sería rica, dejaría el blog y todo esto… todo menos el sex, claro, pero eso ya es asunto mío y no lo trato en posts sobre Meetic ni Facebook sino en privado y face to face. Read the rest of this entry »