WEB SITE STORY 2.0

Septiembre 1st, 2009 by Silvia Glamour

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Para no hacerse ilusiones empezó a imaginarse a Monica73 bajita, gordita y fea. Cuanto más fea, mejor, porque eso le evitaría una decepción que podría provocar una situación incómoda. Aún quedaban días, tenía tiempo de sobras para construir una imagen poco atractiva, para concentrar en ella toda la frustración y la negatividad, ponerse en el peor de los casos posible, y asegurarse así que la sorpresa sólo sería a mejor.

Tanto se concentró en la imagen que ésta empezó a aparecérsele en momentos inesperados, cuando no la había convocado. Y además empezó a hablarle. Al principio todo eran reproches. Y es que además de fea, la imagen de Mónica73 era insoportable. Pronto se convirtió en una presencia constante y molesta. No había forma de esquivarla. Ella siempre le encontraba, y, encima, al ser imaginaria e incorpórea, podía atravesar paredes y hasta aparecer en dos sitios diferentes a la vez. Y seguir discutiendo, porque, eso sí, no hacía más que discutir con él.

El acoso duró casi dos semanas. Después cedieron las hostilidades. Se habían acostumbrado uno al otro y las discusiones pasaron a ser charlas casi amigables. Él le contaba las cosas que le preocupaban. Ella, al ser una imagen, no tenía de qué preocuparse, pero le escuchaba con paciencia y con cariño.

Por fin llegó el día de la cita. Nervioso, se despidió de la imagen de Mónica73 para irse a conocer a la verdadera Mónica 73, la de carne y hueso, que  le esperaba apoyada en la barra de un bar de diseño. Era guapa. Mucho más de lo que había imaginado y más incluso de lo que no había querido imaginar por miedo a decepcionarse. Y no sólo era guapa. Tras una breve conversación demostró ser también muy lista, divertida, ingeniosa, encantadora. Pero… ¿por qué no conseguía animarse, conectar con ella, sentirse alegre? ¿Por qué tenía un nudo en la garganta y algo muy desagradable le oprimía el pecho?

Se ahogaba, necesitaba respirar. Sólo quería salir de allí. Ni siquiera se despidió. Dijo que iba al baño pero se fue directo hacia la puerta de la calle. Corrió. Corrió y corrió como nunca había corrido. Llovía, pero le daba igual. Tenía que llegar, volver a verla, decirle que la quería, que la quería como era, fea, gordita, baja, antipática, irreal, pero tan suya, tan ella, tan… tenía que decirle que ya la echaba de menos, que se quedara con él, que sin ella nada sería lo mismo.

Al llegar a casa comprobó desesperado que la imagen de Mónica73 ya no estaba allí, y supo con toda certeza que ya nunca volvería a verla. La había traicionado con la realidad. Ni siquiera podía evocar el recuerdo sin que la imagen de la Mónica real, tan guapa y lista, se impusiera sobre la cada vez más borrosa imagen de esa Mónica fea, gordita e imaginaria que le había robado el corazón.

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