MEETIC REVOLUTION
Octubre 14th, 2009 by Silvia Glamour
Meetic es un buen baremo para medir en nuestra sociedad el grado de apertura mental, hipocresía progre, conservadurismo cobarde, pasotismo descerebrado, hiper reflexión cansina, cinismo amargado, optimismo naïf, tendencia a la adicción romántica o sexual, insatisfacción crónica, curiosidad ante lo nuevo, resistencia al cambio, voracidad compulsiva, soledad, infidelidad, prejuicios y un largo etc. Un sociólogo y un estadista infiltrados en Meetic elaborarían suculentos informes que nos permitirían sacar afiladas conclusiones sobre los tiempos que vivimos e incluso predicciones sobre los tiempos que vendrán.
Hablo de Meetic, porque es el ejemplo que utilizo cuando hablo de relaciones cibernéticas, pero me refiero a todas esas páginas y redes sociales que promueven el contacto amistoso, amoroso o directamente sexual entre seres humanos a través de internet.
¿No es curioso que muchos de los que ven este fenómeno con recelo vengan precisamente de la generación que vivió en sus carnes la revolución sexual de los sesenta? La generación flowerpower, los que fueron un día hippies y defendían el “amor libre” y el “haz el amor y no la guerra” son los que ahora dan más guerra llevándose las manos a la cabeza cuando se habla de cibersexo y de relaciones amorosas o amistosas que han nacido del contacto on line. Parece que no es lo mismo ligar a través de una pantalla que en un concierto, una mani, una comuna o una tertulia sobre cómo cambiar el mundo.
Quizás lo que les altera realmente, provocando una violenta subida de sus defensas, como hace Actimel a nivel inmunológico, pero en este caso a nivel Psíquico y más bien Ético (en cualquier caso Esdrújulo), sea esa diferencia que ellos aún establecen entre real y virtual. Lo real está en lo tangible, lo virtual en el intocable e inalcanzable mundo de la imaginación. No entienden que si ellos vivieron una revolución “en sus carnes”, nosotros podamos vivir otra en nuestros “perfiles virtuales”, una revolución que, además, prescinde de la palabra “amor”, pero no de la palabra sexo, quizás lo único no virtual de la revolución sexual cibernética. Porque sexo sigue habiendo, tanto o más que antes, virtual y real, pero no está necesariamente unido a la palabra amor, y quizás es en eso en lo que reside una de las diferencias entre las dos revoluciones.
Para un iniciado en Meetic, la distinción real versus virtual no tiene sentido: lo virtual es tan real como la vida misma. El Homo Ex Hippie, que ya no vive en comunas y se ha aposentado cómodamente en el sistema que antes quería dinamitar, pregunta alarmado a sus hijos o incluso nietos ¿Cómo puedes estar segur@ de que chateas con la persona que te imaginas que chateas? ¿Y si miente? ¿Cómo puede sustituir el frío chat el calor de una conversación cuerpo a cuerpo? ¿Cómo puede el Facebook compararse al “face to face”?… para el Homo Cibernético esas preguntas carecen de sentido. No es que confíe ingenuamente en que chatea con la persona que imagina que chatea, o en que será capaz de detectar cualquier mentira porque ya ha desarrollado un olfato cibernético para las mentiras cibernéticas. Es que el Homo On Line YA sabe desde un principio que la persona real con la que chatea jamás es la persona con la que él imagina que chatea, pero le da igual, porque la real para él no es la de carne y hueso que se esconde tras un apodo casi siempre ridículo, sino la otra, la imaginada, la que la persona real de carne y hueso se ha tomado la molestia de crear para él/ella. Da igual que una persona mienta. Si hay conexión en un chat es que hay conexión. Quizás sea esa la verdadera revolución: la que rompe la barrera entre realidad y ficción, entre Real y Virtual.
Con el amor libre nos libramos de tener que querer a una y la misma persona hasta la muerte. Con el sexo libre nos libramos de tener que querer necesariamente a la persona o personas con las que nos acostamos. Con la liberación on line nos libramos incluso de tener que ser nosotros mismos queriendo o acostándonos con personas que tienen que ser ellas mismas… ahora puedes ser otros y acostarte libremente con los otros de otros… ¿No multiplica eso potencialmente tus posibilidades de relacionarte? Te aseguro por experiencia que aunque seas una peluquera que se hace pasar por astronauta y chatees con un mensajero que se hace pasar por periodista de guerra, si hay feeling, lo hay, y si no, no lo habría tampoco aunque os dijerais la verdad. Y, por otro lado, papá… ¿no te enamoraste de mamá por esos pantalones de campana que tan bien le quedaban y porque presumía de saberse todas las letras de Janis Joplin? ¿Y no cambió en poco tiempo los pantalones por un traje chaqueta y las letras de Janis por las del coche y la casa hipotecada? Si es que, en realidad, el otro que uno imagina siempre ha sido otro del que es, sólo que ahora ya lo sabemos, jugamos con ello y, además, no nos importa demasiado mientras el imaginario nos guste. Si alguien proyecta una imagen de sí mismo que te hace soñar, y vibrar, y despierta tus ilusiones más secretas, créeme, da igual si dice o no la verdad, detrás de esa imagen hay alguien que te hará soñar, vibrar e ilusionarte si te tomas el tiempo suficiente como para averiguarlo y no sucumbes a la decepción en el primer encuentro. Nadie puede proyectar lo que no tiene, lo que no es, ni reflejar en un espejo un rostro que no sea el suyo, aunque se maquille de arriba abajo o se ponga peluca y una barba postiza. Como decía aquel antiguo anuncio de Vetiver de Puig: “Hay muchos mundos pero están en éste, hay muchos hombres pero están en ti”.
Por eso el cerebro del Homo Cibernético, más evolucionado, ya no sueña como el del Homo Hippie en cambiar el mundo sino en encontrar y hasta crear su propio mundo dentro de éste, y en compartirlo con la imagen del otro que mejor se adecue a sus anhelos, imagen que, por otro lado, el otro ha creado inevitablemente a su propia imagen y semejanza por muchas exageraciones y mentirijillas con las que se disfrace.
Y es que, bien pensado, ni el propio Dios Todopoderoso supo hacer otra cosa cuando quiso proyectarse en el mundo con una imagen de sí mismo real y de carne y hueso, aunque, al revés de lo que pasa en Meetic, Facebook, Myspace etc (donde un ser real proyecta una imagen virtual de sí mismo) en este caso, fue el Gran Virtual quien se proyectó en un Real, a quien puso como nick nada menos que Adán. Y, por cierto papis, ahora que lo pienso, siendo como soy mujer, prefiero mil veces encontrar un novio a través del Meetic o de cualquier otra página de contactos on line, por muy virtual que eso sea y con todos los peligros que eso entrañe, que salir de su costilla… ¡puaj!… ¡viva internet!
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