Se habla mucho de páginas de contacto y amor por internet, siempre desde la perspectiva de quien busca pareja o se enamora, y pocas veces desde el desamor, que también lo hay por muy nuevo que aún sea el fenómeno. Las nuevas tecnologías generan nuevas formas de relacionarse con los otros que amplían tus posibilidades de encontrar amistad e incluso amor. Todo ese esfuerzo se resume en una palabra: agregar. Pero… ¿y cuándo el amor se apaga? ¿qué pasa cuando hay que “desagregar” lo agregado?
Ella se enamoró de él el día que se conocieron y él en realidad no se enamoró verdaderamente de ella hasta el día en que cortaron, esa funesta mañana en la que él le cogió el móvil para leer sus sms, descubriendo consternado que no sólo le ponía los cuernos desde hacía lo menos dos meses sino que lo hacía con su mejor amigo y además socio, una doble traición difícil de asumir que significaba una doble pérdida, una doble puñalada por la espalda, un doble vacío en sus rutinas diarias y, encima, un doble contrato dúo que romper, ya que hacía unos meses su compañía de telefonía móvil le había ofrecido una oferta, entre otras muchas que no aceptó, de abaratar su factura mensual eligiendo los dos números de teléfono que más utilizara para que le salieran gratis. Eligió el de su socio, ahora sucio traidor, y el de su novia, ahora ex-novia. El dolor y la rabia, la intensa angustia y el miedo a la soledad no empañaron su sentido práctico, y no tardó en llamar a la compañía para cambiar los números de su contrato dúo. Sin amigo y sin novia, eligió los números de su madre y de su hermana, aunque en realidad eran ellas las que le llamaban a él, casi siempre para quejarse , precisamente, de que él no las llamaba nunca. Pasaron dos meses y el dolor se instaló poco a poco en un lugar menos doloroso. Conoció a otra. Esta vez no cometió el mismo error y se enamoró de ella desde el primer día. La llamaba constantemente, a veces con excusas más o menos creíbles y a veces sólo para hablar, hasta altas horas de la noche, compartiendo cuchicheos, arrebucos, confidencias, tequieros, solotuses y demás parafernalia simplona del ñoño y manido universo semántico del enamoramiento. Pero a pesar de sus disparatadas facturas de móvil, y a pesar de que hace ya semanas que la relación pasó de las manitas a la cama, él no se ha atrevido todavía a dar el paso último y definitivo que consolidará la relación… porque ¿qué pensará ella si ya, tan pronto, le propone compartir su contrato dúo?
Una vez más la primavera hace acto de presencia en los pétalos de almendro, en la piel de las muchachas y en mi creciente colección de alergias.
Una vez más me arranco las sábanas entre sueños y despierto en un aparente intento de dejar preñada a la almohada. Una vez más me falta otra piel, otra mirada, otro sudor que comparar con los míos. Alguien con quien hablar en la cola del cine, por el móvil o por teléfono, porque estoy hasta los huevos de tanto chat.
Cierro puertas y ventanas para enchufarme alguna película ñoña y me pongo a llorar como una quinceañera. Me chuto dosis absurdas de cantautores en vena o me siento a escribir obsesivamente. No olvidemos que TODOS los chicos meetic somos escritores, artistas o poetas. Lo dice en nuestro perfil. A las titis les molan esos rollos y además, así se pilla cacho fijo. Esta mañana, por ejemplo, antes de salir a la tienda, escribí un haiku que decía:
“Compra condones,
maquinillas de afeitar
y seis cervezas.”
Hago lo posible por evitar ciertas esquinas que amenazan con encuentros casuales no deseados. Hay números tabú en la agenda de mi móvil, que en su momento marqué con fruición. Demasiadas canciones que es mejor no volver a escuchar. Demasiados perfumes traicioneros. Demasiados recuerdos que se fundieron en una maraña de terrazas soleadas al primer hervor del verano. Mi jardín de flores de un día se ha secado por completo, y no me quedan más que recuerdos.
Las malas lenguas han encontrado en Meetic, y en las relaciones cibernéticas en general,un suculento tema con el que ejercitar el músculo. Es curioso como siendo un fenómeno aún relativamente nuevo, acumula ya un sinfín de clichés y frases hechas.
Se dice de Meetic que los tíos son todos unos salidos. Que las tías son todas unas busconas. Que está lleno de tarad@s. Que está lleno de solitari@s amargad@s. Que todos mienten. Que no hay nadie interesante y que el nivel cultural de sus usuarios es penoso cuando no inexistente, o sea, que está lleno de garrulos y garrulas a la caza de garrulas y garrulos.
De los tíos que se apuntan aMeetic las malas lenguas distinguen dos tipos: Por un lado los crápulas, que aprovechan hasta el úlimo euro de su inscripción echando todos los polvos que pueden, por mucho que en sus “anuncios” hablen de amor y de encontrar su media naranja. Por otro los pringados, que ni pagando pillarán cacho y lo más cerca que estarán jamás de una chati es chateando.